Ir a la página principal Data de Envío: 09/02/2010
Boletín Nº: 2/2010

  NEWSLETTER
Las relaciones sentimentales en las organizaciones
 
Uno de cada cinco empleados tuvo romances en la oficina y una de cada diez parejas se conoció en el trabajo. Estos son los datos que reporta el informe realizado por la sexóloga noruega Elsa Aalmas, que rechaza la idea de que los trabajadores se concentran más si dejan a un lado sus sentimientos.
Si pensamos por un momento en el tiempo que el hombre dedica a dormir, a comer y a trabajar entendemos la presencia de estas cifras y su tendencia al aumento, pues considerando los entornos habituales en los que uno tiende a establecer sus relaciones más íntimas, el trabajo resulta uno de los lugares de honor. Y es que realmente con quien compartimos nuestros más oscuros secretos o nuestros mas ardientes deseos es con quién convivimos mas tiempo: nuestros compañeros de trabajo. Si se observa objetivamente, el individuo pasa más de ocho horas diarias en el trabajo, en algunos casos por cinco, seis y hasta siete días a la semana y, aunque no se quiera, la vida social se ve seriamente limitada por esa realidad: se dificulta el esparcimiento, merma el intercambio y surgen los grupos informales en la organización que intentan compensar las carencias antes mencionadas.

Publicado en el diario noruego "Dagens Naenngsliv", el estudio de Aalmans resulta revelador por lo menos en cuanto al beneficio emocional que suponen las relaciones laborales. "La gente que conecta con sus compañeros conoce mejor sus sentimientos, contacta con su subconsciente y todo esto trae una mayor capacidad de trabajar. Tener al lado a quien nos hace feliz genera confianza y fomenta una actividad mas relajada y efectiva", declara la sexóloga.

Sin embargo, la política empresarial es mas bien tendente a la prohibición de estas prácticas amorosas. De hecho, las noticias que aparecen en los medios de comunicación acerca de la relación entre los dos sexos en el trabajo abordan, invariablemente, la misma temática: el acoso sexual, la política de prohibición de establecer relaciones sentimentales entre los empleados, controversia suscitada por las cotas femeninas en la Administración o el riesgo de proyectar estereotipos familiares en la empresa. Que una persona se enamore de otra no resulta nada extraño, pero cuando eso ocurre en los límites de una empresa, lo que parece completamente obvio y natural se convierte en una situación delicada e incluso clandestina, dependiendo de las políticas, escritas o no, que las empresas posean.

Algunas organizaciones ven con cierto recelo la presencia de parejas en su ambiente, principalmente porque existen experiencias negativas que soportan la duda de su pertinencia en las operaciones laborales. Por ejemplo, la complicidad, el encubrimiento, el padrinazgo y otras experiencias de similar corte manifestado por parejas que estafaron o timaron a alguna empresa de manera significativa, resultan suficientes alegatos para suponer que en una organización no debe permitirse la presencia de parejas. Otro elemento de peso en el momento de sentenciar la incompatibilidad con las parejas, son las relaciones sentimentales de los superiores con sus subordinados, pues eos crea cierto malestar a la hora de generar correctivos e incluso despidos en el seno de la pareja.

En un sentido práctico y objetivo, los pocos ejemplos señalados parecen suficientes para que algunas empresas presupongan que no es productivo tener en su plantilla de personal relaciones sentimentales formales o no, que involucren a los miembros del equipo, llegando hasta el punto de solicitar el retiro de alguna de las partes cuando llega a ocurrir tan indeseable hecho. Al observar a las organizaciones como entes rígidos y ajenos a la conducta humana el pènsamiento anterior encaja perfectamente, pues en él se niega el principio emocional que caracteriza al hombre y por lo tanto un amor que no esté dirigido al trabajo no cabe en el concepto que se tenga de la empresa. Pero al realidad es otra, el ser humano es 100% emocional, hasta el punto que su inteligencia se ve afectada por sus emociones y viceversa, y suponer que no puede expresar de manera racional esos sentimientos es una negación irracional de su condición humana.

El suponer que la existencia de parejas en la empresa es una situación inaceptable, se olvida de una manera irresponsable que muchas de las organizaciones existosas se formaron de grupos familiares. Además, esas necesidaes intrínsecas en el ser humano se abren camino en cualquier situación que impere y, aunque en contra de las políticas, aparecerán en las empresas de manera natural y espontánea reclamando su espacio. Entonces ¿porqué juzgarlas de negativas para las organizaciones si son un hecho natural?

Todas estas problemáticas citadas son solo algunas de las tiranteces más habituales que provocan las relaciones entre hombre y mujeres en el trabajo y que la investigadora Shere Hite aborda en su último libro , "¿Sexo y negocios?", un repaso a los testimonios de algunos altos ejecutivos del mundo occidental. Los más conocidos para el público español, el ex-presidente de Telefónica, Juan Villalonga, el director general de Prisa, Juan Luis Cebrián - miembro de la Real Academia de la Lengua -, el ex-alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. La idea de la productividad por encima de todo es el común entre todos estos magnates que ven en las relaciones laborales un obstáculo al rendimiento y un impedimento a la rentabilidad.

Al llegar a este punto, las opiniones de Hite son concluyentes y acordes con la propuesta de Elsa Aalmas. "Es natural que el hombre y la mujer se sientan atraidos y se enamoren en el trabajo. Hoy, la mayoría de la gente que se toma en serio su carrera tiene muy poco tiempo para salir a encontrar a alguién. Es lógico que se formen parejas entre personas que se ven a diario y comparten intereses", declara Hite. "No es posible negar la sexualidad en el trabajo diciendo simplemente que no tiene cabida y esperando que eso evite el acoso sexual o impida que los empleados tengan relaciones entre si. ¿Qué hay de malo en enamorarse de un compañero de trabajo? La presencia del amor en el entorno laboral es buena y normal", concluye.


Ana Valín García.
Periodista.
 
 
 
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